El heladero de las montañas: «no recibo ni un sol de D’Onofrío» [FOTO]

El heladero de las montañas: «no recibo ni un sol de D’Onofrío» [FOTO]

Germán Ludeña, 65 años, vende helados en las montañas, en lugares inhóspitos donde no hay ni una gota de agua.

A través de un video que se viralizó en las redes sociales, miles de compatriotas y turistas vieron cómo Germán se gana la vida. Él también vive del turismo.

Es el heladero del Cañón de Autisha, en la provincia de Huarochirí. Su historia es la de cientos de heladeros y la suya es una historia de sobrevivencia a diario.

Germán Ludeña  camina durante largas horas por linderos empinados. Es heladero desde hace 20 años.

«Llevo 200 helados, valorizados todo en 300 soles, para la venta. En la caja de helados todo tiene un peso de 30 kilos al hombro», cuenta Germán que camina hasta 3 a 4 horas diarias para vender sus productos.

«Lo que más he caminado es seis horas», dice Germán recordando el día en que llegó por los caminos escarpados de Markahuasi.

A sus 65 años, lo que le importa a Germán es el sustento de sus cuatro pequeños nietos.

«Yo soy el que paro la olla en la casa», dice el heladero que vive con su hija, madre de los menores.

«Mi hija es madre soltera y como padre yo la ayudo con sus pequeños hijos», contó Germán a un portal de Chosica que logró ubicarlo.

NO RECIBO NI UN SOL DE D’ONOFRÍO

«Yo gano hasta 80 soles por la venta diaria de helados si es que se vende todo (los 200 helados) pero a veces los productos se quedan. Esto lo hago más que todo los fines de semana. Pero de D’onofrío no percibo nada directamente. Es injusto que siendo una empresa tan grande, no pueda recibir algo más, o quizá un reconocimiento», expresa Germán, luego de que se enteró que D’onofrío inició una búsqueda, a través de sus redes sociales, para encontrarlo.

 TAMBIÉN TRABAJA COMO ALBAÑIL

«No me arrepiento ser heladero aunque me hubiera gustado dedicarme a otra actividad», dice Germán que también se dedica a la construcción civil, sobre todo cuando la venta de helados disminuye cuando llega el invierno.

«Señores de D’onofrío, yo vivo en la zona de Ricardo Palma, en una invasión, no tenemos un buen techo pero allí nos acomodamos con mi hija y mis 4 nietos», dijo finalmente este humilde y laborioso heladero a las cámaras del portal chosicano, dirigiéndose a los dueños de la empresa de helados.

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