A 241 años del inicio de la formidable rebelión de Túpac Amaru II

A 241 años del inicio de la formidable rebelión de Túpac Amaru II

Nueve años antes del estallido de la Revolución francesa, Túpac Amaru II puso sitio en Cusco y encendió a las alarmas de la Colonia española. El 4 de noviembre de 1780 se inició la rebelión del Inca que duraría tres años, mucho más que los 18 meses del levantamiento de Espartaco en Roma (73-71 a. C).

Al igual que el Moisés bíblico, José Gabriel Condorcanqui tenía fama y fortuna, suficiente para vivir sin sobresaltos en sus sistema que oprimía a sus hermanos. El cacique recibió educación en un colegio jesuita y se dedicó al lucrativo transporte de mercancías en Lima, Cusco y el Alto Perú. Se casó con Micaela Bastidas y tuvo tres hijos (Hipólito, Mariano y Fernando).

Cansado de ver la excesiva explotación que sufrían los indígenas en las mitas mineras, obrajes y repartos mercantiles, decidió pasar a la acción. Pronto,  el pueblo lo siguió, harto de las reformas fiscales que implantó el visitador Antonio de Areche (aumento de tributos, alcabalas y aduanas) desde 1778.

Los objetivos de la revolución de Tupac Amaru no tenía la finalidad de anexar territorios sino era eminentemente social y económico: abolir la mita, los repartimientos, obrajes, la desaparición de los corregidores; en síntesis, anticolonial, antiesclavista y antifeudal, único en el mundo.

TRIUNFOS Y DERROTA

El 10 de noviembre de 1780 ejecutó al corregidor de Tinta, Antonio de Arriaga. Movilizó y armó a miles de voluntarios indígenas y ganó la batalla de Sangarará.  Luego lideró tropas rumbo a Puno, para luego regresar e intentar tomar el Cusco. Finalmente, fue derrotando en Tinta por la intervención de Mateo Pumacahua, servidor del ejército español.

El líder sometido a juicio. Los realistas quisieron romper su cuerpo jalado por cuatro caballos, pero no murió. Por ello, fue condenado al descuartizamiento: lo ejecutaron junto a su esposa e hijo Hipólito el 18 de mayo de 1781 en la Plaza de Armas del Cusco. Sus restos fueron esparcidos por toda la Colonia.

«Este cacique mestizo, directo descendiente de los emperadores incas, encabezó el movimiento mesiánico y revolucionario de mayor envergadura. La gran rebelión estalló en la provincia de Tinta.
Montado en su caballo blanco, Túpac Amaru entró en la plaza de Tungasuca y al son de los tambores y pututus anunció que había condenado a la horca al corregidor real Antonio Juan de Arriaga, y dispuso la prohibición de la mita de Potosí», resumió el uruguayo Eduardo Galeano en su monumental obra ‘Las Venas Abiertas de América Latina’.

La muerte del líder no fue el final de la rebelión de esclavos. Su ejército siguió peleando al mando de su hijo Mariano y su primo Diego Cristobal. Y su legado se hizo eterno. De hecho, muchas revoluciones nacieron bajo la influencia del Inca.

En el lugar donde firmó Tupac Amaru la abolición de la esclavitud debe levantarse un altar antiesclavista y considerarse primer precursor de la independencia de América Latina.

 

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